Archivos mensuales: Abril 2017

LIBERTAD, DIGNIDAD Y DERECHOS.

El 26 de Abril de 2017 hemos registrado con los compañeros del GRUPO PARLAMENTARIO PODEMOS ANDALUCÍA la siguiente PROPOSICIÓN NO DE LEY:

 

LA REGULACIÓN DEL CANNABIS EN SUS USOS MEDICINALES, TERAPÉUTICOS Y DE OCIO.

#RegulaciónIntegral #Podemos

PNL Regulación Integral del Cannabis

Hemos querido con ella impulsar no solo una Regulación Integral del Cannabis, sino alzar además la voz en defensa de la dignidad y el respeto hacia nuestro colectivo, con un texto que entra en profundidad a denunciar el surrealismo y el absurdo de una situación insostenible alimentada por mentiras durante décadas.

 
Exposición de la PNL en el Parlamento de Andalucía
Intervención parlamentario IU
Cierre de la PNL
Votación de la PNL
 

Puedes descargarla aquí

 
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DISIDENTE.

Una vez más, la historia se repite y, llegados a un momento decisivo, asistimos al bochornoso espectáculo de ver a hermanos del Frente Judaico Popular y al Frente Popular de Judea apedrearse entre sí.

Y es que ahora que el legislador se ha posicionado y ha dado luz verde al arranque de la regulación del cánnabis en España, ha comenzado una competición fratricida para ver quién hace valer el documento técnico jurídico que mejor represente sus intereses. Para desgracia del activismo, en esta alocada carrera parece que los que menos importan son los autocultivadores que se enfrentan a multas y penas de cárcel por no hacer nada que dañe a nadie, excepto al narcotráfico. Ya no importa el futuro de los usuarios que necesitan alivio para sus dolencias. Ya no cuentan aquellos que, simplemente, para relajarse prefieren el cánnabis a los ansiolíticos, aquellos que prefieren el cánnabis al alcohol para divertirse o socializar; es decir, los usuarios que, con sus actos, su coherencia y resistencia, sirven de asiento, justificación y dan fuerza al movimiento por y para la legalización del cánnabis.

De repente, donde costaba sudor y lágrimas juntar a un buen puñado de personas para salir a la calle cada primavera a reclamar derechos para los usuarios y autocultivadores de cánnabis, ahora salen cientos de «expertos» de debajo de las piedras trabajando por un modelo regulatorio que moverá en España la friolera de hasta diez mil millones de euros. La sorpresa viene cuando uno se para a analizar los modelos de todos estos actores de la regulación y se da cuenta de que son semejantes o incluso idénticos. Aun así hay quienes hacen lo posible por pisar el trabajo del compañero como si esa mínima diferencia lo transformase en herejía, con el fin de que sea no el modelo propio, sino el nombre del autor el que llegue a la mesa en la que se deciden las cosas.

Este planteamiento tiene fallos realmente pueriles. En primer lugar, es una actitud que olvida que el legislador no tiene compromiso alguno con los movimientos cannábicos. Solo en una ocasión, en las elecciones del 20D de 2015, uno de estos actores consiguió meter su propuesta en el programa electoral de una formación política, pero que no llegaría con ella al 26J de 2016. Al legislador, que apenas si tiene compromiso alguno con los votantes, tal como estamos aburridos de ver en España, no le importa si la regulación es con forma de cuadrado o haciendo el pino puente, lo que quiere es que se lo den fácil, sencillo, y solo actuará si quien tiene enfrente es una masa unida y determinada. ¿Cumplimos alguno de estos dos requisitos? No. ¿Qué motivo tiene entonces el órgano que hace las leyes para legislar algo que en su mayoría nunca se comprometió a legislar, frente a un colectivo que, en ocasiones parece, solo tienes que dejar que pase un poco de tiempo para que se destruya a sí mismo?

El activismo y sus representantes olvidan que es el legislador quien tiene la sartén por el mango y que hará lo que a sus señorías más les convenga para sus propios intereses personales y de partido. Este activismo le hace un flaco favor a la gente cuando antepone su ambición por la firma y la foto a la estrategia general, estrategia que desde el principio debió pactarse, centralizarse y coordinarse. Sin embargo, el activismo se está transformando en un tumulto de gente que agita dinero del Monopoly, fichas de casino y sacos de garbanzos, exigiendo pasta de la buena a un funcionario de divisas que, además, está en la hora del almuerzo.

Los reclamantes se muelen a hostias para quedarse con el trozo grande de algo que todavía no han ganado. No va a entrar ningún vigilante de seguridad a separarlos; muy al contrario, ante el «populismo cannábico» que convierte el movimiento en unas constantes primarias a un trono de humo que ni siquiera coloca, el legislador se ríe porque sabe que ese juego no lleva a ninguna parte; es el juego que los políticos hacen jugar al pueblo desde que el mundo es mundo: la lucha por las sobras.

Ante esta situación, un servidor no puede sino declararse disidente, disidente de toda la lógica que convierte al movimiento activista en algo tremendamente complejo cuando, bien planteado, debiera ser muy simple: una sustancia que está fiscalizada en base a una mentira no puede seguir estando fiscalizada, ni mucho, ni poco. Este concepto, que muchos dan por entendido y sobrepasado, cosa que hace que se enreden con la letra pequeña, sigue siendo un escollo que todavía no hemos ni comenzado a superar de cara al común de la ciudadanía. No se trata de que nos estemos matando para vender la piel del oso antes de cazarlo; es que todavía tenemos que convencer a los cazadores de que no somos el oso.

Si el año que nos queda hasta iniciar el proyecto de ley va a ser así, paren el activismo que yo me bajo.