EL CANNABIS NUNCA FUE EL PROBLEMA

El cannabis es un producto cuyos efectos beneficiosos y su integración positiva en la sociedad no pueden ser ignorados durante más tiempo. El ocultismo acerca de sus propiedades, que hace imposible un uso responsable por parte de la ciudadanía, supone un peligro. La criminalización de los usuarios y cultivadores, que carga de un trabajo improductivo a fuerzas policiales y juzgados, supone un peligro. La irresponsabilidad consciente de gobiernos infinitamente más permisivos con el alcohol, el tabaco y el juego, supone un peligro.

El THC, principio activo del cannabis, como los antipiréticos, el café, los analgésicos, las especias y otras sustancias de curso legal que usamos todos los días, no es más que un producto que la ciudadanía tiene derecho a saber usar, cultivar, consumir, o a no hacerlo, y sobre el que la comunidad científica tiene derecho a investigar para ayudar a cientos de miles de pacientes que podrían beneficiarse de sus propiedades curativas y paliativas. El consumo de cannabis, como cualquier otro negocio, debe redundar con su regulación fiscal en el beneficio de la sociedad en su conjunto, en la seguridad jurídica y laboral de los trabajadores que participan en su cultivo y preparación, y en los derechos de sus consumidores.

Esta regulación podría generar un mínimo de 15000 empleos fijos en España, y el correspondiente beneficio para las arcas públicas derivado del IVA y de las cotizaciones a la Seguridad Social. Sólo a través de la Regulación de los CSC, el cannabis afloraría más de 1000 millones de euros al año en nuestro país. La recaudación correspondiente
supondría un alivio del peso fiscal que recae sobre la clase media y los pensionistas, y una disminución patente de la tasa de desempleo. El sistema de salud se vería beneficiado económicamente a través del uso terapéutico del cannabis, y los investigadores de nuestro país podrían desarrollar su carrera, contribuyendo al peso específico del I+D+I español, sin necesidad de emigrar para encontrar campos de estudio.

El problema no es el cannabis, sino el miedo de los legisladores a perder el espectro de votantes conservadores para las siguientes elecciones. Pero, al igual que sucede con el matrimonio entre personas del mismo sexo, llegará un día en que nos parecerá impensable recordar que los cultivadores y consumidores de cannabis estuvieron perseguidos por la ley, que los enfermos de cáncer tenían que comprar en la esquina de una calle mal iluminada su dosis para combatir el dolor o las nauseas que provoca la quimioterapia. Nos parecerá impensable que, junto a los medicamentos que contienen codeína, cortisona o pirazolonas, no hubiese una alternativa menos lesiva para el organismo que contuviese THC.

Si hablamos de uso lúdico, el alcohol de curso legal provoca adicción física y el cannabis no. Si hablamos de uso médico, usamos en nuestro sistema de salud, de hecho, drogas que sí provocan adicción física y efectos secundarios poco deseables, que podrían ser sustituidas por el menos nocivo cannabis. Si hablamos de moral, la norma debería ser respetar los derechos de los que no hacen daño a nadie.
Y si lo ponemos todo en valor, nos damos cuenta de que el problema es el miedo y la ignorancia, no el cannabis. El cannabis nunca fue el problema. Sigue con …Propuesta del Círculo Podemos Cannábico.

“Que los usuarios de cánnabis sean descriminalizados, sus cultivos regularizados y todos sus derechos respetados y defendidos.”Facebooktwittergoogle_plusredditmail

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